Descongelado

Descongelado…
Por Mateo Greeley
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Esta mañana estaba llevándole a mi hijo a escuela. Está en primer grado de primaria.
En el carro, empezamos a hablar de la nieve aquí y como va desapareciendo con temperaturas un poco más altas. Fue entonces que le pregunté “¿Sabes a cuál grado el agua empieza a congelarse?”
Contestó “32 grados farenheit (¡porque somos gringos no dijo 0 celsio, jaja!).”
Me encanta cuando él quiera hablar conmigo así que yo quería seguir la conversación y le pregunté “¿Y a cuál temperatura empieza la nieve a derretirse?”
Porque soy tan inteligente, yo sabía que era la misma respuesta (no soy tan tan para nada. Bromeo.).
El agua se congela Y se derrite a los 32 grados farenheit. Es cierto. En el mismo punto puede ocurrir dos cosas que parecen ser opuestos.  ¡Qué curioso!
Creo que lo mismo pasa con muchos momentos de nuestras vidas. Tenemos (casi) la opción de derretirnos o de congelarnos cuando nos afrontan dificultades o el sufrimiento, los éxitos o la alegría.
¿Qué hacer con esta información? No sé, honestamente. Pero cuando me pregunto sobre la existencia de Dios o que Dios es amor, aunque haya tanta pobreza y sufrimiento en este mundo, creo que esta opción me puede ayudar a entender.
Cuando vivía en Tacna, Perú (Ciudad Heroica) como voluntario jesuita hace muchos años ya, descubría mucha vida y amor y cariño en medio del desierto más seco del mundo y en personas que luchan fuerte para sobrevivir cada día. Siguen siendo ellos una temperatura que me derrite. Pero cuando pienso en la violencia que conocí allá y en la pobreza que aún existe allá, puedo dejarme congelar.
Hoy celebramos la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Creo que puede ser un momento perfecto para derretirnos. Nos puede congelar cuando empezamos a pensar en el trabajo que es seguirle a Jesús…cuando empezamos a pensar en amar a ese hombre del trabajo que me trata mal o a esa mujer que siempre es gruñona o en todo el trabajo que me queda o el cansado que estoy.
Tengo que dejarme derretir el corazón. Dejarle al amor de Dios alumbrar que 32 grados nos da una opción y que realmente solamente queda UNA opción.
Derrítete conmigo.
Matthew Greeley
 
Associate Director
Office of Communications
Oficina de Comunicaciones
The Catholic Diocese of Trenton, New Jersey
(609) 403-7212

Quedé Congelado.

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 Por Mateo Greeley
La muerte de mi padre cuando tenía 19 años fue algo muy chocante para mí. Aunque mi vida había cambiado en cada aspecto, mis actividades y responsabilidades seguían iguales.
Estaba a 4 horas de mi familia estudiando en la universidad, una distancia que me gustaba y que me dolía a la vez.
Me encontré haciendo cosas que no solía hacer antes. Tomaba mucho. Buscaba besar a las muchachas más que antes. Pero también me encontré participando en más oportunidades para servirle a los demás.
Conocí a muchas personas con problemas del desarrollo y aprendizaje. Empecé a caminar con niños que se encontraban solos varias horas antes de que llegaran sus padres del trabajo. Cocinaba y servía a personas pobres en el almacén popular.
Y con esta diversidad de actividades, todavía me encontraba con un sentido de estar congelado… frisado.
Fue entonces que empecé a asistir la Misa de mediodía celebrada por los jesuitas de la universidad en la capilla chiquita del campus.  Al principio, solo encontré un sitio calmado/tranquilo donde podía pensar en cosas afuera del caos. Pero poco a poco, empecé a prestar más atención a lo que Dios me tenía que decir. Hablé mucho con mi padre también.
Cada Misa fue como una gota de hielo derretido de mi corazón.
Yo sé que esto suena muy cursi, pero es lo que me pasó. Y en fin, la Misa—la Eucaristía – me consoló y me derritió el corazón para poder seguir delante de la forma que realmente quería yo y querría mi padre.
Desde entonces, he tenido a muchos momentos descongeladores y he conocido a muchas personas descongeladoras. Y cada uno ha sido muy importante porque he visto que siempre me pasan cosas que me congelan en la vida.
¡Menos mal que siempre podemos confiar en un Dios que nos puede derretir con su amor, paciencia y ternura y que haya tantas personas que caminan con él!
Mira nuestro show “Descongelados” Aquí: https://www.youtube.com/watch?v=GidSPq6Jooc

PINGÜINOS DE LOS NEGOCIOS. Congelados

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La característica principal que reconocemos de los pingüinos es su ordenado caminar en filas que llegan a alcanzar kilómetros de extensión.  El paso lo marca un líder casual y se ha demostrado que quienes le siguen tienen solo por meta estar detrás de otro de sus parientes.

Muchas personas se han ubicado en una larga cola de comerciantes, emprendedores, profesionales y entusiastas de los negocios con la idea de alcanzar el éxito financiero, pasan muchos años, según ellos,  en una ordenada o desordenada marcha hacia la riqueza. Siguiendo al vecino o al familiar que parece haber alcanzado algo de capital. ¿Cuán larga es la fila? ¿Cuánto durarás en llegar? ¿Te estarás perdiendo de algo por estar alineado?

En el mundo moderno parece que es más importante “tener” que “ser” y muchos están dispuestos a pagar un alto precio por cosas con precio.  Quizá estar en la fila y seguir la ruta fría hacia la opulencia mientras te congelas los pies no es lo más importante, aunque parezca que todos van por ese camino.  A lo mejor la riqueza pasó de lado mientras estabas mirándole la cabeza al que va un paso delante de ti, al que en apariencia se te adelantó.

Es cierto que para alcanzar el éxito no hay atajos, hay que ser disciplinado, también hay que ser creativo y valiente.  No todos llegan a triunfar por el mismo camino y lo cierto es que nadie triunfa de la misma manera.  Allí es donde tenemos que preguntarnos cuál será nuestro triunfo particular, cuál es la visión de éxito personal y cuán feliz me hará alcanzarlo.

Seguir en la senda del pingüino siendo un humano te obligará a llevar el corazón congelado, pues no puedes permitir que nadie se te meta  adelante, jamás podrás ceder tu lugar pues perderías mucha inversión en tiempo, esfuerzo y capital, nada será gratuito, jamás serás el primero, siempre habrá alguien delante de ti o peor aún, otra línea más por integrar mañana.

Es momento de descongelarte, de salirte de la fila, de disfrutar el vasto paisaje que se desborda por los lados llenos de posibilidades  de nuevos caminos y metas.  No tienes por qué seguir detrás de los demás, lograr lo mismo, balancearte de la misma manera.

Asegúrate que tus prioridades te hagan feliz hoy, que lo que tengas te sirva para la vida y que no sea que tu vida esté al servicio de lo que tienes. Anímate, sacúdete el hielo de los pies y del corazón.

Descongélate con nuestro show aquí: https://www.youtube.com/watch?v=GidSPq6Jooc

La ciencia de descongelar corazones. Estudio científico

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Cuando tenemos el ejemplo de servicio de un buen cristiano, este simplemente nos motiva y nos contagia de las ganas de servir. Así que podemos descongelar con nuestra actitud a quienes se atoraron en el hielo de la tristeza y la apatía. Veremos cómo la alegría y el testimonio pueden regresar el calor a la frialdad de un corazón congelado por su historia personal.

¿SABIAS QUÉ?

Un estudio científico realizado en la Universidad de Harvard, determinó que la felicidad es contagiosa y se extiende entre amigos, vecinos, hermanos y esposas como lo hace la gripe.  Según Nicholas Christakis, sociólogo médico y líder de la investigación: Las buenas noticias; del mismo modo que el pesimismo parece ser contagioso, también lo es la felicidad. Y no se trata de un mero dicho o creencia infundada.

El estudio de Christakis debería alertarnos de cómo el comportamiento humano está íntimamente relacionado con lo que observamos en nuestros iguales y muestra cómo la emoción puede expandirse entre colectivos de personas que a menudo ni siquiera se conocen entre ellas. Los resultados reflejan que con el ejemplo de felicidad y servicio a los demás pueden cambiar una posición fría y apática y contagiarse de las ganas de hacer el bien.

Mira nuestro show DESCONGELADOS aquí: https://www.youtube.com/user/CristoparaTodosDOT

Fuente: British Medical Journal y The Washington PostLa biblia

AYUNO Y ABSTINENCIA: UN ASUNTO PERSONAL

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En el tiempo de cuaresma uno de los signos más importantes para el crecimiento espiritual que propone la Iglesia es el del ayuno y la abstinencia como parte de la obligación de los días penitenciales (Canon 1249) .

El sentido del ayuno y las abstinencias es el de tomar control de nuestros impulsos y deseos, descubrir el equilibrio en la integralidad de la vida.  No todo es placer.  Cuando logramos desprendernos del consumismo y la banalidad de los placeres carnales damos espacio a una relación más espiritual con nuestro cuerpo y aplacamos los instintos que nos diluyen con el entorno, abriendo espacio para la conversión.  La conversión es lo que busca este tiempo litúrgico de la cuaresma.

Evitar comer carne los viernes, o sacrificar algunos mangares o placeres regulares, se convierte en poca cosa cuando lo que ofrecemos cómo sacrificio, lo comparamos al enorme e inigualable sacrificio que hizo Jesús por nosotros en la cruz. Sequir leyendo…