ADOPCIÓN: RETO PARA LAS FAMILIAS CRISTIANAS

dreamstime_xxl_19219686Por: María Cecilia Dobles Y.

(La autora de este artículo es Doctora en Educación y fundadora de la fundación  FUNIMA  para el apoyo de mujeres, niños y familias en riesgo social por agresión o con deseos de adopción)

Observamos cada vez más cómo se rompe la ley natural de que un niño o una niña sean criados en una familia con papás responsables, cariñosos y orientadores para devenir en personas de bien. En los casos de huérfanos, desamparados o  aquellos con progenitores incapaces de criarlos, la sociedad ha establecido que el Estado se haga cargo de ellos para darles un hogar sustituto y deseablemente temporal.  Se les provee de lo indispensable para sobrevivir, pero muchos no llegan a tener una familia que los ame y los cuide, necesidad que naturalmente tienen. Es necesario  hallar familias adoptivas que expresen ese deseo y cumplan con los requisitos establecidos para que, en cierta forma, ¨rescaten¨ a los niños y adolescentes sin familia. Existen muchas que podrían acogerlos en sus hogares y solventar sus carencias, pero son pocas las que se deciden, en relación con las que se necesitan y muchos niños quedarán institucionalizados hasta su adolescencia, con cada vez menos posibilidades de ser adoptados. Por diversas razones algunas familias no logran realizar los trámites establecidos para adoptar. La sociedad, gran familia, se encuentra interpelada por los niños institucionalizados.  

Tener hijos es una decisión de amor con sus riesgos, con tiempos buenos y otros menos favorecidos, como la vida misma. El mundo superficial y hedonista infunde un falso temor por exponerse a perder una comodidad placentera y fácil, o por ir contra lo que se estila para completar la familia. A veces se pospone sin causa, o se cierra la apertura a la vida para concebir y criar hijos. Algunos esquemas sirven de pretexto: “Es que es mucha la responsabilidad”. “Todavía no tenemos los medios para pedirlos”. “Estamos demasiado jóvenes”. “Estamos estudiando”. “Ella va a perder la figura”. “Ya estamos un poco pasados de la edad”, “Hay demasiada gente en el mundo”. En casos extremos se llega hasta acudir al aborto. Por bendición y por don los hijos vienen. En el fondo, lo natural es que los deseemos, los tengamos y los amemos.  Los hijos no deseados, que vienen sin quererse generalmente son adoptables. Las comunidades cristianas podrían colaborar atendiendo progenitoras que expresan no querer ser mamás, para evitar abortos y, si fuera el caso, con prudencia, respeto y  paciencia, “rescatando” al nacer, o a la menor edad posible, a los hijos no deseados con fines de adopción. “El futuro de los niños es siempre hoy, mañana será tarde”. Gabriela Mistral.

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Adoptar hijos es una vocación de amor. Hay un número considerable de familias que no pueden tener hijos y en menor número, parejas, o personas solteras que deciden dar a luz hijos del corazón, tengan o no otros hijos. Sin embargo, como todo lo que es importante en la vida, el proceso de decisión genera dudas e incertidumbres.  Además de los trámites necesarios, se dan impedimentos en la propia familia como algunos ya descritos y otros acerca de la procedencia del niño o de la niña, tales como: aspecto físico, vida de la progenitora, enfermedades. Y si no son recién nacidos se agregaría su historia, su rendimiento escolar, su carácter, entre otros. No es que indagar estas inquietudes esté mal, pero a veces se genera una sobre preocupación por agotar lo inagotable. Cuando se elige pareja, con la perspectiva de vivir con él o ella el resto de la vida y hacer familia, generalmente se pasan por alto muchos detalles del otro: sus costumbres, su historial genético, su carácter, sus vicios. Tampoco dudan sobre las condiciones para que sus futuros hijos nazcan “normales”. ¿Por qué esta situación? Respuesta sencilla: se enamoraron y están dispuestos, porque el Amor, que en última instancia es Dios mismo, lo vence todo. Esa debería ser la actitud de las familias adoptivas cristianas: por amor han de resolver lo que venga. Tener hijos conlleva sacrificios y entrega, pero también compensaciones, vidas en formación que quieren llegar a ser plenas e independientes. El amor y no el interés egoísta de los padres será la clave para ayudar a la realización de los hijos a su cuidado.

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