Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. ¿Qué quiere decir?

Jesús revolucionó al mundo en tan solo 3 años de vida pública, pero no era un revolucionario de boina y discurso exaltado, mucho menos un revoltoso incitador de conflictos y violencia. El hombre de Nazaret debatió la ley de sus días de manera respetuosa, confrontándola con una visión profundamente humanitaria abogando por la justicia y la razón, jamás la irrespetó o la apartó de la realidad de su pueblo. Jesús incluso dijo: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21).

¿Estas palabras quieren decir que Jesús equiparó la voluntad de un gobernante a la voluntad de Dios? ¿Acaso Jesús separó a Dios del Estado para que cada cual opere con total independencia negando el uno al otro? ¿Es correcto usar esta frase del Maestro para silenciar a los creyentes que opinan en la escena pública?

Como todo lo dicho, esta frase necesita ser entendida dentro del contexto general en el que fue pronunciada, para eso debemos comprender que Jesús la dijo mientras estaba siendo “tentado” a caer en una trampa que le incriminaría frente Herodes como un traidor, pues si predicaba en contra del pago de impuestos, los fariseos lograrían sacar a Jesús de sus vidas entregándolo a la ley. Esto no quiere decir que Jesús dijera lo políticamente correcto para evitarse un lío legal, Él siempre transparente, honesto e inteligente, utilizó como ejemplo la imagen del César que aparece en la moneda para indicar a quién le pertenece. Es claro que los denarios, los dólares y cuanta moneda existente no son de interés específico de nuestro Dios, quién jamás reclamará ningún monto de forma obligatoria, ni en forma de impuestos y ni siquiera en forma de diezmos.

Sabiendo esto, entendemos que Jesús no se refería con esta frase a lo que muchos pretenden interpretar de forma falaz para alejar a la fe de todo cuanto tenga que ver con los gobiernos, las leyes, la educación y la razón de las llamadas “sociedades modernas”.  Al contrario, Nuestro Señor aboga por la comprensión de los creyentes de que cada situación tiene un lugar específico y que la creencia en UN TODO PODEROSO no les exime de las responsabilidades cívicas.

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En 1° de Pedro, capítulo 2 está escrito: Sométanse a toda autoridad humana por causa del Señor: al rey, porque tiene el mando; a los gobernadores, porque él los envía para castigar a los que obran mal y para animar a los que obran bien. La voluntad de Dios respecto de ustedes es que, obrando el bien, acallen la ignorancia de los imbéciles… Respeten a todos, amen a los hermanos, teman a Dios y respeten al que gobierna.

Esto aclara cual es el verdadero sitio de los distintos poderes, el celestial y el terrenal. También supone que no estamos excluidos de la participación patriótica y que más bien es nuestro deber involucrarnos poniéndonos al servicio de Dios para el bien del prójimo, pues creemos que de Él viene todo puesto de autoridad y los cargos públicos son Su voluntad cuando se obra correctamente. (Rom. 13)

En resumen, no solo hay que reconocer que Dios es Dios incluso para quienes nos gobiernan, aunque ellos no pretendan reconocerlo, faltando a la voluntad y al pensamiento de quienes los eligen. También hay que esforzarse por representar y hacer respetar esa voluntad divina y del pueblo con transparencia, asumiendo y ejecutando con justicia los cargos públicos con la única convicción de hacer el bien. Por último, no debemos aceptar la intolerancia de quienes no conocen a Jesús y a su rebaño y que intentan predicarnos sus palabras de forma retorcida con el único objetivo de silenciarnos.

Participa, habla, defiende tus derechos y los de tus hermanos, Dios ve con agrado y respalda al que es justo.

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