ATRACTIVO ESPIRITUAL: Oro que si brilla.

Constantemente hablamos de los atributos físicos o las pertenencias de otras personas, sobre todo de quienes son famosos o infames.  Esto quiere decir que nos llama poderosamente la atención lo que otros tienen o han conseguido, incluso lo que la naturaleza les ha dado y que no necesariamente nos pone en una situación de envidia o desventaja.

Un cuerpo hermoso, una personalidad magnética, una casa espectacular o un trabajo formidable son realmente atrayentes y sinceramente son cosas que todos quisiéramos tener o lograr.  Los más sanos intentarán ver esto en las manos de otras personas como una motivación para cambiar de forma positiva e intentarán triunfar, mientras que los más negativos despertarán la ambición y la envidia y quizá lo único que logren sea amargura y frustración.

Cómo nos vemos y lo que tenemos son aspectos superficiales, eso todos lo sabemos. Sin embargo los medios de comunicación y la moda se han encargado de darle relevancia, de manera que cuando hablamos de atractivo nos limitamos únicamente a estos aspectos.

Lo cierto es que hay otro tipo de atractivo que es mucho más valiosos que los que se ven a simple vista.  Esto no quiere decir que no se pueda percibir, al contrario, en un final es el que más se nota, el más contundente en el desarrollo de las relaciones interpersonales y por ende en la construcción de la personalidad de cada quien. Hablamos del atractivo espiritual.

Muchos estudios científicos resaltan las cualidades de las personas con una creencia y una práctica religiosa, estas cualidades no solo les permiten ser más sanos y más productivos, también les hacen mucho más atractivos al sexo opuesto y en las relaciones de amistad. Las personas con una espiritualidad equilibrada y madura siempre están rodeados de personas en un plano positivo y suelen ser exitosos en la mayoría de sus emprendimientos.

¿Quién no quisiera estar cerca de alguien dotado de la capacidad de dar un buen consejo o una palabra de aliento en momentos desafiantes? ¿No resulta más interesante alguien que intenta comprender la humanidad y todos sus matices sin limitarse nada más a lo palpable? ¿No es más enriquecedor compartir con alguien que no cae en la arrogancia de creerse la cúspide de todo lo que existe? ¿A caso el compromiso con valores morales bien determinados no es una garantía diferenciadora para poder confiar?

Este atractivo espiritual además de impregnar a las personas de humildad, creatividad, honestidad y armonía, entre muchas otras, también les permite desarrollar un atractivo emocional y ambos atractivos en esta época llena de disfraces y locura, son realmente un capital nada despreciable.

Este atractivo es tan poderoso que en 1 Samuel 16:7 la palabra de Dios nos dice: “Pero Yavé dijo a Samuel: «Olvídate de su apariencia y de su gran altura, lo he descartado. Porque Dios no ve las cosas como los hombres: el hombre se fija en las apariencias pero Dios ve el corazón»”.

No todo lo que brilla es oro, pero al cultivar el atractivo espiritual es seguro que brillarás para ti mismo y para los demás, aunque esto requiere de mucha disciplina, de mucha concentración y de mucha constancia, quizá después de lograr esto, los demás atractivos vendrán por añadidura.

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