CREMACIÓN. La correcta disposición de los restos mortales.

Durante mucho tiempo los católicos nos preguntábamos si la cremación estaba bien o no, pues en algunas culturas y países esta disposición de los restos mortales, al igual que en nuestra fe, tiene un significado importante y no quedaba muy claro si las modas de lanzar las cenizas desde aviones, mandar a hacer pinturas o tirarlas al mar era lo más correcto.

Así que para aclarar todas las dudas sobre este tema en 2016 el Vaticano publicó la instrucción titulada Ad resurgendum cum Christo, elaborado por la Congregación para la Doctrina de la Fe presidida por el Cardenal Gerhard Müller.

El documento aclara que la Iglesia “sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, porque con ella se demuestra un mayor aprecio por los difuntos; sin embargo, la cremación no está prohibida a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana”, como lo pueden ser rituales paganos, razones de espectáculo o venganza y hasta por broma.

Esta normativa también se refiere a esa práctica de algunas familias de repartir las cenizas de los difuntos entre varias casas como para que todos queden con algo y nadie se resienta. El documento detalla que los restos “no pueden ser divididos entre los diferentes núcleos familiares y se les debe asegurar respeto y condiciones adecuados de conservación”.

Así que las cenizas “deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente”, por lo que dejar las cenizas sobre la chimenea o el televisor, como adorno o pisapapeles, en pinturas o altares caseros queda completamente prohibido. También es importante que no sean esparcidas en ningún lugar, aunque parezca romántico o interesante caer sobre el mar o las montañas, a fin de cuentas, en la esperanza del cristiano no se vislumbra la posibilidad de quedar vagando por allí, aunque el lugar sea muy bonito, pues no lo es tanto como el paraíso.

Así que el Papa Francisco repasa esta disposición de la siguiente manera: “para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos, teniendo en cuenta que para estas formas de proceder no se pueden invocar razones higiénicas, sociales o económicas que pueden motivar la opción de la cremación”.

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