¿Cuánto pesa una sola palabra?

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Una tarde durante el invierno de 1999, la familia Johnson estaba reunida con todos sus miembros por primera vez en mucho tiempo. Joel, el hermano menor había dejado sus proyectos de actuación en Nueva York y Martha, la mayor, había conducido desde Miami con sus dos niñas para estar allí.

Samuel Johnson se había mudado a finales de los años 60 a Georgia por razones de trabajo y allí había conocido a Lois, una joven cocinera quien se convertiría en sus esposa y la madre de sus dos hijos. Aquella tarde aunque todos estaban en la misma casa, solo Lois no estaba sentada en la sala comiendo y charlando mientras esperaban alguna noticia. Ella estaba en su habitación recibiendo los resultados que traía el señor López, amigo, vecino y médico de la familia desde hacía 2 décadas.

En algún momento justo después de que una de las niñas notara por la ventana que había comenzado a nevar, se abrió la puerta de la habitación y un muy silencioso señor López salió con un rostro indescifrable. No traía una expresión en particular, no se distinguía si estaba feliz o triste, no se notaba asombro o decepción. Quizá siempre había sido así y no se habían dado cuenta. O a lo mejor sus marcados rasgos mulatos y sus arrugas ya no permitían distinguir en su cara el reflejo de una emoción o de otra.

La limitada información que daba lectura del rostro el señor López, hacía confuso y muy inquietante el tiempo que se tomó para decir una sola palabra. Una palabra contundente y que cambiaría la vida de la familia Johnson para siempre.

El doctor dijo con voz muy baja, segura y llana; “Avanzó”.

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Fue porque doctor López no sonrió al final de la palabra que Martha supuso que “Avanzó” era la temida mala noticia de que el cáncer de Lois no había sido aplacado por el tratamiento y continuaba carcomiéndole.

Fue porque el señor López dijo “avanzó” de forma muy segura y rápida que Joel asumió que su madre había progresado en el tratamiento y mostraba signos de recuperación.

Fue porque Marcos, el amigo de tantas tardes de pesca hizo una pausa larga después de decir “avanzó”, que Samuel no pudo interpretar de forma positiva o negativa aquella palabra suelta que necesitaba complementarse con otras palabras que le dieran más sentido.

Así es, “avanzó” no era suficiente. Y aunque era evidente que Martha se desmoronaba de tristeza y Joel esbozaba una tímida sonrisa frente a la confusa mirada de Samuel, el señor López se tomó mucho tiempo para continuar en la exposición de la situación.

Después de muchos años, los Johnson estaban reunidos y confundidos e interpretando por aparte la situación familiar.

Por fortuna ese momento de pausa del señor López no duró más de un segundo aunque pareció una eternidad. El doctor continuó diciendo:

  • Así es… Lois avanzó de manera satisfactoria en su tratamiento y ahora deberá pasar a la segunda fase de terapia para ver cómo evoluciona.

Eso, gracias a Dios, era una excelente noticia. Quizá no la que obviamente esperaban, la de la total sanación de la esposa, madre y abuela de todos lo que allí estaban, pero definitivamente era una noticia llena de esperanza.

Por dicha, el señor López era amigo, estaba en casa, les consideraba a todos con profundo cariño y respeto, eso permitió que aunque en principio su primera palabra fue confusa, lo que comenzaba a decir terminó siendo una voz de aliento para todos.

Muchas veces una sola palabra tiene tanto peso, que merece ser explicada, urge ser extendida con una frase que le complemente y necesita ser dicha por alguien que exprese un respaldo mayor al que la simple pronunciación da.

¿Alguna vez has tenido que escoger bien las palabras al dar una noticia?

¿Crees que Dios puede iluminarte en un momento particular para decir bien lo que hay que decir?

Mira nuestro show sobre “Palabrotas bien dichas” y comenta.

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