¿EXITOSO, pero enojado con Dios por lo que otros tienen?

El dicho popular “Dios le da pan al que no tiene dientes” suele ser aplicado de la manera más envidiosa posible en la mayoría de los casos.  Esta frase no solo le resta mérito a las personas que gozan de algún privilegio, sino que también le reclama directamente a Dios por la bondad y la misericordia que tiene con nuestro prójimo.  Muchas veces porque pensamos secreta e injustamente que nosotros merecemos más eso que el otro tiene.

Es fácil caer en comparaciones en este mundo competitivo y lleno de cosas superficiales. Hoy el concepto generalizado del éxito pasa primero por el reconocimiento social y económico que un individuo puede obtener por lo que hace y que lo pone en una aparente situación superior a la de los demás.  Algo que sin duda va a contrapelo de los lineamientos cristianos que dictan que “los últimos serán los primeros” y “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha”, porque si no estamos al frente, si no somos aplaudidos, si no ganamos el premio mayor… ¿cómo obtendremos el éxito que merecemos?

Entonces vale la pena repasar qué es lo que definimos como éxito; del latín exĭtus ‘salida’ (origen de la palabra inglesa exit) significa terminar algo o finalizar un asunto con buenos resultados. Lo que quiere decir es que cualquier trabajo o servicio que hagamos debe ser bueno y satisfactorio, pero no necesariamente reconocido públicamente o generoso en cuanto al dinero.  Por eso es que la idea de ser exitoso puede variar tanto entre un artista de rock y un campesino que logra una buena cosecha para alimentar a su familia.

Ciertamente Dios da las herramientas necesarias para lograr nuestras metas grandes o pequeñas, pero igualmente importantes para la realización de nosotros y la alegría de Él.  Así que cuidadosamente, como Padre justo y amoroso que es, reparte dones, talentos y oportunidades, según las necesidades que tengamos y que Él conoce mucho mejor que nosotros mismos. El problema está en el momento en el que ponemos la mano para recibir lo nuestro, pero estamos más concentrados en lo que Dios pone en la mano del que está junto a nosotros.

En la parábola de los trabajadores en el campo (Mt 20, 1-16) Jesús ejemplifica con el propietario y los jornaleros de la viña cómo podemos llegar a pensar egoísta y erróneamente que Dios es injusto con nosotros solo porque es bueno y misericordioso con los demás.

¿Acaso lo que hoy tienes es resultado de tu esfuerzo y tu dedicación, pero lo que no tienes y otros si es culpa del capricho de Dios?

El Creador ha puesto todo en esta tierra al servicio del hombre y además le ha dado una colección privilegiada de herramientas para que consiga lo que desea según lo que necesita y muchas veces mucho más que eso. Concentrarnos en lo que los demás consiguen con prácticamente las mismas herramientas y culpar a Dios como si nos hubiera quitado algo es realmente injusto.

Para Meditar:

Piensa por un momento por qué constantemente en las noticias el “éxito” de algunos ricos y famosos acarrea tristeza y muerte para sus familias y si ese reconocimiento y esas ganancias son realmente el éxito que un cristiano anhela según las promesas de Dios.

One comment on “¿EXITOSO, pero enojado con Dios por lo que otros tienen?

  1. Definitivamente es de pensar porque a los seres humanos les hiere el ver a los demás salir adelante en sus metas. Esta excelente reflexión es un poner” nuestras barbas en remojo “y simplemente aprender a dar gracias a Dios con lo que El generosamente, poco o mucho, nos da diariamente.

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