¿Intercambiar ideas? No… ¡ESTO ES GUERRA!

Participar en foros, comunidades y grupos en redes sociales puede ser una batalla que enfrenta nuestra verdad con la verdad de los demás. Por eso planteamos 3 preguntas básicas para intercambiar ideas y comunicarnos con honestidad.

 “El hombre moderno se rodea de infinitas posibilidades de comunicación y, paradójicamente, es lo que siempre le falta”

Marcel Marceu, actor francés.

Estamos en una época que desborda información; muchos sitios, muchos vídeos, noticias reales que parecen ficción y comentarios con ideas muy personales que parecen noticias.  Hoy es cada vez más difícil saber de primera mano si lo que leemos, vemos y escuchamos es cierto, si se ha publicado por personas serias que buscan la verdad, si lo expresado es una interpretación individual o peor aún, si son falsedades mal intencionadas.

El dicho; “Porque una mentira se diga 1000 veces no se convierte en verdad”, se desvanece cuando las opiniones en las redes sociales se apilan sobre falsedades que de repente parecen cada vez más lógicas simplemente porque casi todos las creen y las repiten. Muy pocos se interesan ahora en filtros tan importantes y básicos en la comunicación elemental como la revisión de la veracidad de una fuente (quién es en realidad el emisor del mensaje), la credibilidad (la historia del honor y el valor de su palabra), la objetividad con la que se informa (si es equilibrado en lo que dice y su sana intención imparcial) y ni siquiera si lo dicho tiene sustento científico, histórico, antropológico o moral.

Algunos se atreven a culpar a la inmediatez y a la frecuencia con la que se da la información, pero esto es solo una excusa para la vagancia y el poco compromiso con la verdad, porque cuando se trata de lo que queremos oír no importa el qué o el quién lo diga, pero cuando es algo con lo que no comulgamos somos capaces de razonar, documentar e interpretar con el más fino detalle hasta encontrar el portillo que nos permita despedazar el mensaje, al emisor y a todos su parciales, aún y cuando puede que tengan algo de razón.

1° Pregunta: ¿Por qué no podemos esforzarnos por escuchar y en lugar de eso debemos imponer nuestra razón, si es demasiado evidente que con esa actitud no podemos aprender cosas nuevas y diferentes?

La interacción entre las personas en el escenario de las redes sociales sobre política, religión, deportes y cuanto asunto se coloque para ser comentado está llena de fanatismos, absolutos y sobre todo IRRESPETO. Nos cerramos y no solo no consideramos las razones del otro, sino que lo descalificamos en automático. Gente con buena ortografía, pero con terrible educación se burla del que allí y en ningún otro caso es un oponente a muerte, solo porque olvidó una tilde. Todo sirve para su eventual destrucción.

¡Qué barbaridad, es verdad!

2° Pregunta: ¿Seré yo maestro?

Ya se preguntó cuántas veces usted ha podido expresar y defender un punto de vista con respeto y en lugar de eso llenó un comentario de jajaja’s o ha tildado de ridículo o ignorante  a su interlocutor. O quizá no leyó con atención lo que le respondieron y solamente esperó su turno para continuar su monólogo. Todo esto en el mejor de los casos, ya habrán algunos que insistirán en etiquetas como “intolerante”, “retrógrado” y cuanto insulto subido de tono o amenaza se pueda escribir.

Encontrar y difundir la verdad es un proceso de aprendizaje personal, pero muchas veces este proceso es público y la forma en la que uno exprese lo que piensa, se exprese de uno mismo y de los demás es muy importante. En otras palabras: “lo que dice Pedro de Juan, dice más de Pedro que de Juan”

3° Pregunta: ¿Y lo que yo digo si será verdad?

El escritor británico Gilbert K. Chesterton dijo: “Los que abandonan la tradición de la verdad no escapan a algo llamado libertad, solo escapan a algo que llamamos moda”. Y vaya que está de moda escapar de la verdad, es lo que hoy decimos que corresponde a ser “políticamente correcto”.

Evitar ser objetado, expuesto o ridiculizado, ser parte de un grupo, caer bien y gustar son razones muy fuertes para no solo no decir lo que pensamos si es opuesto a lo popular, es también, para algunos, una excusa para sustituir ese pensamiento por otro aprobado por las mayorías, pero que quizá esté en contra de sí mismo.

Por otro lado la valentía no siempre es sinónimo de sabiduría. Puede que tengamos el valor de exponer y defender nuestro punto de vista en contra de viento y marea y que lo hagamos basados solamente en el instinto kamikaze de enfrentar al mundo, sin cuestionarnos si eso que defendemos es verdad, si tiene sustento, si es relevante y constante en nuestra vida.

Podemos pensar que una moda es todo aquello que otros nos proponen y que adoptamos como propio por un corto tiempo y que luego descartamos porque pierde importancia.  Así muchos han tomado la fe o el ateísmo, un determinado pensamiento político o una forma específica de hablar, vestir y comportarse. Luego el tiempo y la realidad, que son implacables, hacen su parte y ayudan a descartar o a mantener esas ideas.

La verdad nos hace libres (Juan 8,32), también fuertes, valientes y prudentes. El ánimo de no descansar en la búsqueda de la verdad debe venir acompañado de un compromiso fuerte con la misericordia, esa que permite la escucha atenta y respetuosa del pensamiento del hermano.

Blindar nuestros argumentos cierra la puerta al aprendizaje, pero esto no quiere decir debemos aceptar o tomar por cierto todo lo que otros dicen (Proverbios 14,15).  La clave aquí es el discernimiento, la investigación. Mientras cuestionamos podemos pedir la iluminación del Espíritu Santo, quien nos dotará de luz, inteligencia y sabiduría (Daniel 5:14)

Por último, pero no menos importante es ese asunto de ser consecuentes con lo que decimos, lo que llamamos testimonio. De nada sirve exclamar con elocuencia verdades cuando estas están lejanas a nuestro modo de vivir. La verdad es una realidad tangible y contagiosa cuando quien la descubre y la cree, la expresa con humildad en cada palabra y obra frente a sus semejantes, ese si es un poderoso argumento que nadie podrá contradecir. (1 Corintios 2:1-5)

Y recuerda:

“Pelea el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y por la que hiciste tu hermosa declaración de fe en presencia de numerosos testigos”. 1 Timoteo: 6,12.

 

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