MAMÁ DE 2 DESTRUYE IDEOLOGÍA DE GÉNERO EN 3 MINUTOS

En Catholic.net y en espatiespami.com se ha explicado ampliamente cuales son los peligros de la instaurada e institucionalizada ideología de género en el hemisferio occidental y los nefastos resultados que tiene en contra de la vida y la familia.

En casi todos los países de este lado del mundo existen agrupaciones con vasto poder económico y mediático que posicionan a figuras elocuentes, personas con toneladas de argumentos falaces y decididas a torcerle el brazo a la sociedad para que acepten sus absurdos preceptos anti naturales y anti religiosos, convirtiendo a la fe y a los creyentes en enemigos a suprimir en cuanto opinión y participación.

Estos voceros pro aborto, a favor de la eutanasia, en contra de los valores familiares tradicionales, detractores de la Iglesia, entre otras posturas otrora inaceptables son fácilmente reconocibles, porque se les ve constantemente en la televisión explotando muchas veces la desgracia ajena para implantar la duda con mentiras.

Así que el fin de semana cuando me disponía a pagar una compra en una librería de un reconocido centro comercial de mi ciudad, rápidamente reconocí a la mujer que esperaba en la caja de junto. Era la popular abogada de uno de estos grupos que dicen pelear públicamente por los “derechos de las mujeres” cuando ocultamente tienen una agenda económica y de muerte. Tengo que reconocer que cuando le vi me dio titubee en tener que acercármele, quizá fue un reflejo producto de la preocupación, porque llevaba a mi bebita de 11 meses de edad en brazos.

Pero quien me esperaba en la caja para cobrarme era una mujer joven con una sonrisa radiante y una barriguita de embarazo muy avanzado. Así que di el paso al frente y la cortesía nos hizo comentar mientras le pagaba sobre la edad de mi hija y cuanto le faltaba a ella para su licencia de maternidad.

La cajera me contó sin importar que los demás le escucharan, incluida la vocera, que estaba algo cansada por el peso y que solo le faltaban unas semanas para retirarse a descansar. Yo por continuar la conversación adiviné si era una niña lo que esperaba y me dijo que si y que le parecía muy curioso lo diferente que había sido este embarazo con respecto al anterior. La joven madre también tenía un niño de dos años.

Lo siguiente que conversamos no solo es una evidencia de la sabiduría de la naturaleza creada por Dios, sino que ante esta verdad, nadie, ni siquiera la más elocuente y perspicaz ideóloga de género tiene margen para refutar.  La mamá continuó:

-Es increíble lo diferentes que son los embarazos de los niños y las niñas. La pancita es diferente, los síntomas, las náuseas, la velocidad de los latidos, incluso hasta los dolores de pies y espalda se sienten diferente. Los niños y las niñas son diferentes y la madre lo siente aún antes de saber si lo que viene es una niñita o un varón.

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Las madres de niños y niñas a la vez, están completamente seguras gracias a su experiencia y no a la teoría, que no somos iguales como lo asegura la gran mentira de la ideología de género y que el sexo dado por Dios está determinado en la vida desde el momento de la concepción. Estas madres lo sienten y lo viven.

Así que bombardeado con la polémica del autobús español naranja, con el ilógico discurso sobre la construcción social del género, con las consignas hembristas y sexistas reduccionistas de la complementariedad con la que hemos sido diseñados, con la blasfemante idea de la liberación de las exigencias del  propio cuerpo como lo sentenciaba Benedicto XVI. Yo lo único que pude responder volteando la mirada hacia mi vecina de la caja de junto que escuchaba atentamente fue: “y aun así hay quienes insisten en que no hay diferencia”, a lo que la joven mamá respondió con absoluta seguridad:

–          Qué locura verdad.

No hace falta decir que fui víctima de una muy ensayada mirada de desprecio por parte de la mujer del grupo pro ideología de género que escuchó sin querer que la experiencia de una de sus congéneres abierta a la vida, a la familia y al sacrificio de lo fútil y estético, no solo aplasta, sino que destruye desde sus cimientos las disparatadas premisas de la ideología que pretende que obviemos la naturalidad y la integralidad biológica, psicológica y sociocultural para encapricharnos en ser nuestros propios dioses, porque es lo que está de moda.

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