¡Señor salga de aquí o llamo a seguridad!

fuera¡Señor salga de aquí o llamo a seguridad!

De vez en cuando somos testigos de esta penosa situación, esperando que sea a otro al que le ocurre y no a nosotros mismos, por supuesto. Gracias a Dios suele ser un malentendido el que provoca que un empleado de establecimiento, llámese cajero, mesera o gerente le haga a alguien esta vehemente solicitud.

De todas maneras la invitación a retirarse casi nunca es gratuita y puede ser provocada por múltiples situaciones, como el exceso de ruido en una sala de espera, o la majadera insistencia de un cliente molesto, mal educado o poco comprensivo.

Retirarlo del lugar puede ser la cosa más conveniente por su bienestar, el de los que le rodean y también por la continuidad de la tarea que en lugar de los hechos se lleva a cabo. La acción de sacar al supuesto causante de un problema que amerite la frase ¡Señor salga de aquí o llamo a seguridad! puede no ser sencilla, pero luego de ejecutada es casi seguro que todo vuelve a la normalidad.

Con el problema afuera comienzan las murmuraciones a dentro, y posiblemente largos suspiros y miradas cómplices de aprobación o lo contrario. Mientras tanto el sospechoso de causar el incidente podrá tener tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido, sobre qué fue lo que ocurrió allá, sobre lo que motivó tan desafortunado episodio.

Ya reflexionando más a profundidad, cualquiera de las partes podría concluir que al calor del momento las cosas se salieron de control y pudo haberse evitado el terrible bochorno a lo mejor con mayor disposición para el dialogo, tal vez cediendo un poco, negociando sin escándalos, en un final escuchando más y hablando menos.

¿Cuántas situaciones de nuestra vida se podrían haber evitado con tan solo haber callado un poco más? ¿Cuántas cosas podríamos evitar si tan solo hubiésemos escuchado con un poco más de atención? ¿Cuántas penosas situaciones no habrían ocurrido?

En la vida seguramente tendremos un par, o más, de recuerdos de cosas que pudimos haber manejado mejor, cosas que a un silencioso monje, o a un tranquilo santo jamás le hubiesen pasado.

Aprender a callar es un arte, saber escuchar es un don que aunque no es fácil, es pa ti… es pa mi… Es para todos.

¿Has pasado alguna vez por algún momento penoso que luego descubriste que pudiste haber evitado? Cuéntanos.