¿Quiere ver un espejismo? mire su agenda. EL VALOR DEL TIEMPO.

El autor estadounidense Henry David Thoreau escribió; “No podemos matar el tiempo sin herir la eternidad”. Una frase que remarca el valor de cada momento por más pequeño o insignificante que nos parezca y la trascendencia que tendrá cuando sumemos el total de nuestra vida e incluso la factura acumulada para el más allá.

Andar por allí desperdiciando horas puede ser un vicio o una enfermedad terminal, quién mata el tiempo es un asesino, o más bien, un suicida, pues deja en una pausa incontrolable su presente y su futuro. Así que posponer, dejar para mañana, hacer o decir más tarde, son señales de abandono de la realidad.

¿Pero qué pasa con quienes, más bien, están en exceso ocupados? Quien se obsesiona por hacer y hacer estirando el tiempo de forma irracional no aprovecha su vida, solo la despilfarra y tendrá las mismas consecuencias de quién no aprovecha las horas, con la diferencia de que estará más cansado al final.

Entonces, malgastar el tiempo es un crimen con el que nos podemos herir de dos formas: no haciendo nada o haciendo demasiado. La clave está en el equilibrio y el enfoque.

En estos tiempos es normal ver a la gente corriendo por las calles, actualizando o compartiendo agendas y ocupadísimos con el trabajo, la Iglesia, los grupos sociales, y deportivos. Para muchos la moda es aparentar no tener tiempo, quizá porque piensan que les hace parecer más importantes.

En Santiago 4, 14-17, la biblia dice: “Pero ustedes no saben lo que será el mañana. ¿Estarán con vida todavía? Pues no son más que humo que se ve por unos instantes y luego se disipa. ¿Por qué no dicen más bien: «Si Dios nos da vida, haremos esto o lo otro»?  Pero no, están seguros de sí mismos y esa manera de jactarse es mala. El que sabe, pues, lo que es correcto y no lo hace, está en pecado”.

Este maravilloso pasaje, entre otras cosas, nos confronta con nuestra mortalidad y la voluntad de Dios sobre nuestra vida, voluntad que va más allá de nuestros planes. “Si Dios quiere” mañana o después podremos hacer o decir, pero la humildad es indispensable para aceptar que nada de lo planeado depende enteramente de nosotros.  Nuestra agenda es un espejismo, una expectativa que podremos cumplir solo con el regalo de la vida, el don de Dios.

La palabra de Dios en repetidas ocasiones nos alerta sobre cómo administrar nuestro tiempo, en Colosenses 4, 5 nos dice: “Pórtense con prudencia con los de afuera y aprovechen todas las oportunidades”, quizá porque para vivir bien y aprovechar el tiempo hace falta escoger con sumo cuidado nuestras ocupaciones y quienes nos rodean. No sea que por estar ocupados viviendo se nos vaya a pasar la vida, dijo John Lennon.

Más triste aún es el hecho de que muchas ocupaciones terminan siendo un escape a una realidad que no nos gusta o no aceptamos. Al final no solo nos matamos a nosotros mismos cuando abusamos del tiempo, sino que le robamos a nuestras familias, negándoles compartir con calidad momentos de acción y de descanso valiosísimos.

Así que enfoquémonos en lo que es realmente indispensable y atendamos con diligencia lo que es necesario. Todo tiempo es buen tiempo para sentir con fuerza el palpitar de nuestra valiosa existencia y aprovechar al máximo cada latido, disfrutar con alegría cada bocanada de aire y contemplar con agradecimiento cada paisaje pintado frente a nuestros ojos por el más grande artista; nuestro Creador.

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