SER ÍNTEGRO. 3 Atributos bíblicos.

Recuerdas los antiguos anuncios de radio y televisión donde un vendedor de autos usados o un abogado se presentaba algo así como “El Honesto Jimmy”. Qué tal esos políticos que en sus eslogan de campaña incluyen palabras como “justicia” e “integridad”.  En cierta manera es gracioso y parece sospechoso que alguien deba destacar esos atributos tan esenciales para hacer buenos negocios, adquirir la confianza del electorado para poder servirles o representar a una persona frente a la justicia. Pensaríamos que cualquiera que no se dedique a robar, no debería preocuparse por tales aclaraciones.

Tristemente en la era del relativismo y la posverdad en que vivimos, la interpretación tan personal que cada individuo le da a los conceptos de “bien” y “mal” son tan variados, que estamos obligados a preguntar si alguien se refiere a integridad de la manera en que unos u otros la entienden.

El diccionario define integridad como la característica de una persona completa, sin mancha, intachable, recta y proba. Y entre las muchas referencias y ejemplos que contiene la Santa Escritura sobre esta cualidad podemos destacar tres atributos:

La integridad es una herencia valiosa

Proverbios 20:7 “El justo que lleva una vida irreprochable; ¡felices sus hijos después de él!”

Esto quiere decir que quien se conduce con integridad en la vida, deja un legado de honor y buen nombre para sus hijos y nietos. Pero más importante aún es que les da testimonio de una vida posible bajo el amor y el entendimiento de las promesas de Dios.  Ese testimonio es contagioso y eterno.

La integridad es en lo que debemos poner la mirada

Carta a los Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, fíjense en todo lo que encuentren de verdadero, noble, justo, limpio; en todo lo que es fraternal y hermoso; en todos los valores morales que merecen alabanza.”

Como vimos en la definición del diccionario; la integridad es más como la unión de muchas cualidades, de hecho la raíz etimológica hebrea de la palabra da lugar a otros conceptos como “entero” e “intacto”.  La palabra entonces resalta la invariabilidad de lo moral y destaca la búsqueda real de nosotros mismos y de nuestros hermanos.

La integridad es una brújula segura

Proverbios 11:3 “La integridad guía a los hombres rectos; la perversidad lleva a los impíos a su perdición.”

Sabemos que en la vida tenemos dos caminos y que uno nos lleva a Dios y otro nos aleja de su gracia. Este versículo confirma de manera contundente que los actos y pensamientos entregados a la voluntad y enseñanzas del Padre son garantía de salvación. Muy a pesar de los muchos caminos que hoy nos muestran como verdaderos y que en realidad no lo son.

Desestandarizar el bien y lo bueno nos ha metido en una confusa realidad cada vez más subjetiva y caprichosa. El intento de sacar a Dios de toda actividad humana no nos permite entender de manera uniforme la virtud de una sociedad que rige su comportamiento en un código íntegro y basado en la dignidad y el amor. El pluriculturalismo desmedido, invasivo y sin restricciones nos ha hundido en una falta grave de identidad y ha creado una diversidad amorfa que escurre y socaba a las sociedades en sus más arraigadas tradiciones.

Para los creyentes la integridad tiene sustento sólido en cuanto a las leyes divinas, las leyes naturales y las leyes impartidas por el hombre que garantizan el verdadero bien común. El compromiso con la integridad en cada aspecto de la vida del cristiano certifica la felicidad propia, de nuestros semejantes, de nuestra descendencia y la misericordia de Dios para la vida eterna.

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