DIOS Y LOS DESASTRES NATURALES

En los últimos meses el continente ha sufrido los embates de diferentes fenómenos naturales que se han convertido en verdaderos desastres, cobrando miles de vidas humanas y dejando como saldo miles de millones de dólares en pérdidas. Tres huracanes increíblemente poderosos en el Caribe, dos terremotos en México y en estos últimos días agresivas tormentas arrasando gran parte de Centro América. ¿Acaso Dios no puede hacer nada al respecto? ¿Será que no nos escucha?

Lo primero que tenemos que hacer es repetirnos con total seguridad la frase “Dios es amor”, porque así damos el paso de fe para entender que quién nos ama y nos da la vida, con certeza jamás sería capaz de volver a destruirnos, ni castigarnos con la creación con la que Él mismo nos ha bendecido.

Seguros de esto, ahora vale la pena resaltar que así como infinito es su amor, así de infinita es su fidelidad.  Aquí es donde Dios manifiesta su compromiso con la creación manteniéndose fiel incluso a las leyes naturales que ha dictado para el correcto funcionamiento de nuestra casa común.

Cuando se pierden vidas y se separan familias producto de los desastres naturales Dios sufre con nosotros, así que no nos castiga, en lugar de eso nos acompaña y nos consuela.  Él no ha causado ni permitido el desastre, solamente nos ha dado la libertad de usar el espacio en la tierra con sabiduría o no, con respeto o no.  Y cuando no hemos sido sabios y respetuosos construyendo indiscriminadamente, contaminando y alterando el ecosistema, no es por Su mano que sufrimos.  Él definitivamente respeta su propia creación.

Es claro que si oramos Dios intervendrá, pero los milagros, la frecuencia en que los ejecuta y su destino son su santo y sabio asunto, siendo así que la confianza en su voluntad y sus planes es gran parte del tratar de entender cómo Él nos manifiesta su amor.

Además de orar, debemos ser responsables. La fragilidad de nuestra humanidad nos obliga a ser más rigurosos en la preparación ante las posibles emergencias derivadas del comportamiento humano y su interacción con la naturaleza.  Dios nos ha iluminado con basta sabiduría y experiencia para hacer lo urgente y lo necesario ante posibilidad de un terremoto, un huracán, un tsunami, etc.  Convirtamos ese otro regalo en la posibilidad de salvar inteligentemente nuestra vida y la de los demás sabiendo cómo prevenir.

Dios es amo y señor de todo lo creado y debemos amarle entendiendo que no somos un tablero de ajedrez con el que juega caprichosamente. Él nos respeta dándonos la libertad del albedrío, también respeta las leyes que dispuso para la naturaleza con las que nos enseña, alimenta y cuida abundantemente, si somos conscientes del valor y la delicadeza del regalo que es este nuestro hogar.