ULTIMA HORA: Huesos secos esparcidos recobran vida.

Como si se tratara de una película moderna con los más caros y sorprendentes efectos especiales, Dios le presenta a Ezequiel una de las visiones más impactantes de la biblia.

Los caldeos habían vencido y llevado a Babilonia a los judíos quienes no solo ya no eran una nación en su tierra, sino que estaban destinados a la muerte. Ezequiel vivía entre el desesperado, destruido y cautivo pueblo de Judá con la única misión de hablar de esperanza, a pesar que no había aparente razón para tener esperanza alguna. Quizá Ezequiel, comenzó a pensar que no tenía objeto seguir animando al pueblo, fue allí cuando Dios le mostró en una poderosa visión al pueblo como si se tratara de huesos secos esparcidos y sembrados en el campo.

Esto fue lo que pasó:

“La mano de Yavé se posó sobre mí. Yavé me hizo salir por medio de su espíritu. Me depositó en medio de un valle, que estaba lleno de huesos humanos.

Me hizo recorrer el valle en todos los sentidos; los huesos esparcidos por el suelo eran muy numerosos, y estaban completamente secos. Entonces me dijo: “¿Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos?” Respondí: “Yavé, tú lo sabes”.

Me dijo: “Profetiza con respecto a estos huesos, les dirás: ¡Huesos secos, escuchen la palabra de Yavé! Esto dice Yavé a estos huesos: Haré que entre en ustedes un espíritu, y vivirán. 6.Pondré en ustedes nervios, haré que brote en ustedes la carne, extenderé en ustedes la piel, colocaré en ustedes un espíritu y vivirán: y sabrán que yo soy Yavé”.

Hice según lo que se me había ordenado y, mientras profetizaba, se produjo una gran agitación: los huesos se acercaron unos a otros. Miré: vi cómo se cubrían de nervios, brotaba la carne y se extendía sobre ellos la piel. Pero no había en ellos espíritu.

Entonces me dijo: “¡Profetiza, hijo de hombre, llama al Espíritu! Dirás al Espíritu: Esto dice Yavé:¡ Espíritu, ven desde los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos para que vivan! Profeticé según la orden que había recibido y el Espíritu entró en ellos; recuperaron la vida se levantaron sobre sus pies: era una multitud grande, inmensa.

Yavé me dijo entonces: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ahora dicen: “Nuestros huesos se han secado, nuestras esperanzas han muerto, hemos sido rechazados”. Por eso profetiza. Les dirás esta palabra de Yavé: “Voy a abrir las tumbas de ustedes, oh pueblo mío, haré que se levanten de sus tumbas y los traeré de vuelta a la tierra de Israel. Entonces, cuando haya abierto sus tumbas y los haya hecho levantarse, sabrán que yo soy Yavé.”

Ezequiel, 37

Dios ha retado a Ezequiel a abrir su boca y proclamar bendición para desaparecer la sequedad y la muerte aparente de su pueblo. Y esto ocurre no solo en la visión, sino que la profecía se cumple y Dios levanta y renueva al pueblo de Judá.

Dios nos reta a ver con ojos de esperanza cada desierto por el que pasamos, sabiendo que en Él lo imposible es más que posible.

Como pueblo de Dios, la Iglesia en nuestros días es perseguida, exiliada no solo de tierras físicas sino de la participación pública y es sentenciada a morir no solo de forma espiritual, pero Su palabra es segura y eficaz y como agua viva que restaura huesos secos, corazones de piedra y ciudades en ruinas, se esparce y sana en medio de sus hijos, que proclaman con esperanza que el bien triunfará.

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