VENDEDORES Y NEGOCIANTES. No te dejes engañar.

Cuando un buen vendedor toca a la puerta de tu casa, un comerciante hábil, con don de palabra y motivado, es muy probable que se vaya de allí con una sonrisa, un apretón de manos y algo de tu dinero. Esto quiere decir que el vendedor es alguien que te puede convencer, aún y cuando no estés dispuesto a ceder.

El arte de la negociación, en cambio, es el arte de ceder, el buen vendedor escucha tus puntos de vista, pero está entrenado para anularlos e imponer los argumentos que solo a él le favorecen, mientras que quien se dedica a la negociación puede que busque un beneficio, pero está abierto a escuchar y a modificar un poco las reglas del juego para que ambas partes queden satisfechas y el resultado sea un poco más equilibrado.

La vida presenta en múltiples casos personas solas y en grupo que llegan a tu vida con objetivos muy específicos, un buen ejemplo son los políticos que quieren que les des tu voto. Ellos desean ocupar un puesto en el congreso o la presidencia y exponen sus ideas de forma elocuente e intentan escuchar tus necesidades, los que traen buenas intenciones se preocupan por incluir los pensamientos de las mayorías y modifican sus planes para satisfacer a quienes han confiado en ellos, los que no son tan honestos moverán la cabeza, pero al final harán solo lo que a ellos les parece. Los buenos políticos negocian, los malos venden.

En nuestros días existen también grupos de personas organizados con fines específicos, muchos de esos objetivos nacen de la necesidad por mejorar un aspecto de la vida en sociedad, pero no por eso quiere decir que lo hacen de la mejor manera. Aunque sus intenciones sean buenas, puede que no todo el tiempo practiquen el amor al prójimo y terminan imponiendo sus criterios de forma organizada, o más bien sistemática, aplacando totalmente a quienes no comparten parcial o totalmente su visión. Te venden ideas empaquetadas, no negocian y terminas siendo víctima de la imposición a través de burlas, etiquetas y ataques masivos, y son lo que muchas veces no pararán de presionar hasta que lo hayas perdido todo.

Esa necesidad que parece tan natural de ganar sobre los demás, de salirnos con la nuestra sin ceder, de aplacar al otro sin escuchar siquiera, para el creyente supone faltar a la misericordia y para Dios un acto abominable. En Proverbios 14: 22 la palabra nos dice: ¿No han perdido su camino los que maquinan el mal? ¿Acaso no se topará con la bondad y la fidelidad el que busca el bien?

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Al final el plan de los malvados terminará, por voluntad del Padre, beneficiando a aquellos que son justos. Dios siempre respalda su palabra, su justicia y a los suyos.

Muy interesante resulta que como hijos de Dios tenemos que aprender a reconocer a quienes nos venden humo y mentiras, pues eso no justifica despreciarles.  Estamos llamados a la misericordia y al perdón, nuestra responsabilidad es escuchar y respetar, siempre y cuando podamos expresar nuestros criterios bien fundamentados en el amor, y por supuesto… sin tener que negociar lo que no nos corresponde negociar como lo es la vida desde la concepción como voluntad de Dios.

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