Cuaresma: un tiempo de ‘Ambos/Y’

El reverendísimo David M. O’Connell, C.M., Obispo de Trenton

Al igual que muchas tradiciones en la Iglesia, Cuaresma se ha evolucionado por los años. Gente ha empezado enfocarse más en “dar” que “dejar cosas”. El tono sobrio y serio de los cuarenta días de Cuaresma, empezando con el Miércoles de Ceniza, se ha empezado a disminuirse y hacerse menos intenso. Claro, la Iglesia ha mantenido el sentido penitencial de Cuaresma pero lo ha hecho de maneras diferentes, desde una perspectiva más positiva que negativa. La obligación de sacrificar algo se enfatizó menos como la prioridad inmediata de la agenda cuaresmal.

Yo creo fuertemente en una perspectiva de vida de “ambos/y” en lugar de “esto/o”. Así que, para mí Cuaresma es un tiempo sagrado de penitencia cuando me siento llamado como católico, por el propio sentido y la razón propia de Cuaresma, a hacer ambos; “dejar algo” y “dar” algo.
El obispo O’Connell escucha a la confesion de una joven durante la Conferencia Juvenil Diocesana en el 2016. El Sacramento durante Cuaresma, escribe el obispo, “es un tiempo para empezar de nuevo limpiamente”. (Foto pescadora | Craig Pittelli)

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Ay, como sudo…

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No soy yo en esta imagen, pero sudo bastante. Es un hecho mio. Y, claro, eso causa verguenza a menudo en mi vida.

Si yo quisiera no sudar tanto, podría evitar situaciones que me hacen sudar más… como hablar frente a mucha gente, desafiarme a intentar nuevas cosas o hasta callarme cuando realmente me antoja decir algo fuerte y potente para mostrar lo fuerte o listo que soy.

En estas ocaciones, que suelen pasar CADA día, intento dejar ir el miedo. Tengo que dejar ir mis preconcepciones sobre lo que creo que pasará si hago tal cosa o no. Lo mismo se puede observar con el sínodo y los obispos y el “riesgo” de mirar las cosas con nuevos ojos. Yo imagino a los obispos y cardenales (y al Papa Francisco, pero tal vez no) sudando atrás de las puertas del sínodo. Son humanos y unos tiempos muy importantes para ellos… con mucho estrés y presión… pero ahí estaban, metidos en la conversación, sudando (creo yo).

Creo que no es frecuente que no sabemos que es el bien y que es el mal en este mundo. Lo sabemos.

Mis hijos, aunque sean jovensitos, saben la diferencia. Y yo quiero enseñarles a dejar ir el miedo para poder escoger y actuar para crear el bien en este mundo. Que suden y que ese sudor demuestre un amor por el prójimo… un amor por ellos mismos… un amor por Dios.

¡A sudar!

 

 

Déjalo ir… no significa no actuar!

29El Evangelio de hoy nos comparte la parábola del Buen Samaritano. En ella, leemos que hubo gente que “dejó ir o pasar” unas oportunidades para servir al otro o a ayudar.

Siempre estará más fácil no meternos al agua en esta vida. Pero no podemos dejar ir esas oportunidades. No solo porque alguien nos necesite o porque hace falta responder a alguna cosa urgente, sino porque nosotros mismos terminamos ganando mucho más por actuar.

Tenemos que dejar ir el miedo de “lo que puede suceder” si me meto. Tenemos que dejar ir la pereza de “no tengo tiempo” para eso pero en la próxima sí. Tenemos que dejar ir el sentimiento que que los problemas de otros son suyos y que no tengo nada que ver.

Nuestra fe nos urge… realmente nos obliga… a actuar. Nos obliga a dejarnos ir a responder con amor y generosidad por todo nuestro mundo, sea fácil o no.