BRÚJULA MORAL: Receta para el desarrollo de la conciencia

El padre Thomas Keating es conocido como uno de los constructores de la controversial “Oración Centralizada”, controversial pues el mismo padre Keating siendo católico acepta que basó su propuesta en el budismo zen. Esta técnica de oración pone especial atención en la meditación basada en el silencio interior y quizá en medio de esa meditación es que este sacerdote definió conceptos muy interesantes para el desarrollo de la conciencia.

Los conceptos morales; lo bueno, lo malo, lo adecuado, lo inadecuado, los valores y las valoraciones que provienen al mismo tiempo de una conciencia correcta o incorrecta, son las que nos permiten actuar de determinada manera frente a diversas situaciones.  Estos conceptos son desarrollados gracias al ejemplo de nuestros padres o maestros cuando somos niños y continúan fortaleciéndose para bien o para mal el resto de nuestras vidas.

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A través de la meditación silenciosa y humilde, como él lo propone, es que podemos alcanzar un verdadero encuentro con nuestra verdadera personalidad, y también podemos identificar todas aquellas posturas que nos hacen interpretar de diferentes maneras las situaciones que nos ocurren y cómo reaccionamos, pudiendo cambiar con la guía de Dios incluso aquello que pensamos que hacemos bien cuando está mal. Meditando podemos alcanzar una maduración de nuestra conciencia gracias a que estamos revisando nuestra historia personal con pleno uso de la razón.

La formación cristiana es un  cimiento para que nuestra conciencia se incline de manera más segura hacia lo bueno, lo que agrada a Dios y en un final hacia nuestra conversión. El padre Keating escribió “Nuestra primera conversión se dirige a tratar de enderezar y limpiar nuestra vida consciente ordinaria”.

Entonces, si quieres saber si algo es moralmente aceptable, lo primero que debes hacer es escuchar a tu conciencia dándole oportunidad para que se exprese de forma amplia y serena a través de la meditación. Lo segundo es solicitar en oración la guía del Espíritu Santo para poder tomar las mejores decisiones. Finalmente, discernir entre las experiencias personales y aprendidas con humildad, para no repetir antiguos errores, esforzándonos por aprender todo lo que necesitamos de nuestra fe y del amor de Dios.

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