Cuaresma: un tiempo de ‘Ambos/Y’

El reverendísimo David M. O’Connell, C.M., Obispo de Trenton

Al igual que muchas tradiciones en la Iglesia, Cuaresma se ha evolucionado por los años. Gente ha empezado enfocarse más en “dar” que “dejar cosas”. El tono sobrio y serio de los cuarenta días de Cuaresma, empezando con el Miércoles de Ceniza, se ha empezado a disminuirse y hacerse menos intenso. Claro, la Iglesia ha mantenido el sentido penitencial de Cuaresma pero lo ha hecho de maneras diferentes, desde una perspectiva más positiva que negativa. La obligación de sacrificar algo se enfatizó menos como la prioridad inmediata de la agenda cuaresmal.

Yo creo fuertemente en una perspectiva de vida de “ambos/y” en lugar de “esto/o”. Así que, para mí Cuaresma es un tiempo sagrado de penitencia cuando me siento llamado como católico, por el propio sentido y la razón propia de Cuaresma, a hacer ambos; “dejar algo” y “dar” algo.
El obispo O’Connell escucha a la confesion de una joven durante la Conferencia Juvenil Diocesana en el 2016. El Sacramento durante Cuaresma, escribe el obispo, “es un tiempo para empezar de nuevo limpiamente”. (Foto pescadora | Craig Pittelli)

En mi propia oración y reflexión como el obispo de la Diócesis, yo reconozco mi responsabilidad de guiar a los fieles de la Diócesis – al clero, los religiosos y los laicos —  de cómo vivir nuestra vida cristiana en búsqueda de la santidad. Cuaresma es un tiempo para intensificar la búsqueda de la santidad mientras nos preparamos para celebrar la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo, los misterios centrales de nuestra fe católica. Así que, juntos como obispo y clero, religiosos y laicas, nos enfoquemos en el llamado a la santidad que forma el corazón del camino cuaresmal y el corazón del camino de nuestra vida.

Cada fin de semana profesamos nuestra creencia compartida en ser la Iglesia “una, santa, católica y apostólica”. Yo escribí de estas “cuatro marcas de la Iglesia” bastante en mi primera carta pastoral como obispo. En ella, yo nos recordé del pasaje de las Escrituras que dice: “Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: ‘Sean santos, porque yo soy santo’” (1 Pedro 1: 15-16). La Iglesia nos brinda el tiempo de Cuaresma como herramienta para ayudarnos en este proceso. Y aquí está el motivo:
La llamada de Iglesia a la santidad está raizada en la invitación propia de Cristo de imitarlo en la santidad. La santidad de la Iglesia no es sólo un reflejo de, sino una identificación con la mera santidad de Dios. ¿Podrá la Iglesia ser algo menos que lo que Dios la llama a ser como semejanza de Él (Carta pastoral, 28 de agosto, 2012)?

Es un motivo fuerte para impulsarnos a dar nuestro mejor intento mientras aprovechamos de todo que Cuaresma y crecer en la santidad ofrecen. Sí, “dejar algo” y sacrificarnos son partes importantes de la experiencia cuaresmal en la Iglesia pero si no nos llevan a profundizarnos en la fe, a una identificación más cercana y transformadora con Jesucristo y su Evangelio, se convierten en gestos vacíos. Es semejante a seguir alguna dieta por un tiempo. Bajaremos de peso sin duda, pero si no nos comprometemos a cambiar nuestros hábitos con la comida o si perdemos nuestra motivación, el peso volverá. Cuaresma y sus sacrificios deben conectarnos de una manera más profunda con el Señor Jesucristo. Nos deben conectarnos de una manera más profunda con una identificación con él quien sufrió y murió en la Cruz para nosotros. Dejar algo. Sacrificarnos. Esta Cuaresma, cada católico tiene que decidir “¿qué MÁS puedo dejar, sacrificar para él”? Cuaresma nos debe ayudar decir, “Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí” (Gálatas 2: 19-20).

Y hay que adquirirnos a la otra parte de la ecuación cuaresmal de “ambos/y” – dar algo. Al igual con el sacrificio y la penitencia, nuestro “dar” cuaresmal tiene que guiarnos a la santidad en Jesucristo. Él es la razón de por qué damos. Es su rostro que reconocemos en los rostros de los demás. “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mateo 25: 40).

Como el obispo, me gustaría ofrecer una idea de algo que puede conectar el “ambos/y” de Cuaresma para nosotros y es: el tiempo. Dar de mi tiempo para poder ofrecerlo a otros y crecer en la santidad.

Tal vez esta Cuaresma, seamos jóvenes o viejos o en medio, podemos reflexionar en la oración sobre “el tiempo” y cómo utilizarlo para nuestra búsqueda de la santidad.

Primero, dar tiempo a Dios. Nos debemos desacelerar la vida y apartar tiempo para Dios en la oración. ¿Quién será más importante que el Uno que nos creyó, que nos ama tal como somos, que nos cuida en cada momento del día, que nos prometió estar con nosotros “hasta el fin del mundo” (Mateo 25: 20), que nos llevará a casa cuando se acaba esta vida? De verdad, yo tomo tiempo para lo que sea. ¿Por qué no puedo dedicar tiempo a Dios? ¿Por qué no puedo sacrificar algo para Él?

Ir a Misa. Menos de un 20% de católicos en la Diócesis de Trenton van a Misa cada sábado/domingo. ¿Qué será tan importante, más importante, que dar una hora o por ahí para escuchar la Palabra de Dios, para recibirlo en la Eucaristía, para llevar a nuestros hijos y familias al Señor, para reflexionar sobre lo que realmente vale en la vida, para unirnos a otros católicos en lo que el Segundo Concilio Vaticano llama “la fuente y la cumbre de la vida cristiana”? Toma tiempo pero, honestamente, no tanto. ¿Puedo ir al gimnasio o hacer ejercicios más tarde? ¿Todavía estará el mall o mercado cuando salgo de la iglesia? ¿Desaparecerán las cosas que tengo que hacer en la casa si voy a Misa para una hora de la semana? ¿No ofrecen un horario con varias posibilidades para asistir a Misa en la parroquia o en otra parroquia cerca para que pueda hacer todo de mi lista? Quiero recomendar aprovechar de esta Cuaresma para decidir re-comprometernos a dar tiempo a Dios e ir a la iglesia. La Misa no es algo opcional para la persona católica. Es una obligación y con mucha razón. Nosotros estamos fieles a otras obligaciones. ¿Por qué no dar el tiempo mínimo para ser fiel a esta? Cuaresma nos da una oportunidad perfecta para reconectar.

La oración personal. Una de las cosas más fáciles que podemos dejar ir es las distracciones que nos alejan de Dios. La oración no es difícil. Es tan simple como cerrar los ojos para uno o dos momentos y recordar que Dios está presente en todo lugar, especialmente dentro de nosotros mismos. Dios nos da todo y estamos tan bendecidos. Paremos y digamos gracias. Puede ser que tenemos muchos desafíos y preocupaciones en la vida, cosas que pueden causarnos sufrimiento y angustia. Se las ofrezcamos a Dios pidiéndole su dirección y apoyo. A veces nos podemos sentir solos. Hay que recordar que Dios está con nosotros siempre. Pecamos. Hay que pedirle a Dios que nos perdone. Aprovechemos del Sacramento de Reconciliación a pesar del mucho tiempo que nos hayamos confesado. ¿Por qué atarnos a los pecados como un tesoro escondido? Que los dejemos ir. Como dice el refrán antiguo: “Vivir como si todo dependiera de nosotros pero rezar como si todo dependiéramos de Dios”. Recemos las oraciones que conocemos. Recemos en nuestras propias palabras. Demos un poco más de tiempo a Dios esta Cuaresma.

Confesarse. Se conoce el dicho “confesarse es bueno para el alma”. Las personas que aprovechan a menudo del Sacramento de Confesión o Reconciliación lo hacen porque ¡es cierto! Todos somos pecadores y, entonces, todos necesitamos de la misericordia de Dios. ¿Por qué no “darle” nuestros pecados y fallas y pedirle perdón y sanación que el sólo puede dar? ¡Es bueno para el alma! Sea la semana pasada, el mes pasado, durante Adviento o hace muchos años, el Señor nos invita buscarlo, tomar responsabilidad por nuestros pecados y errores, expresar la contrición y una esperanza de reconciliarnos, recibir la absolución y salir del confesionario y el cuarto de reconciliación sin la carga que llevaba nuestra conciencia. Cuaresma es un tiempo para empezar de nuevo limpiamente.

Segundo, dar tiempo a otros. Todos estamos muy ocupados. Todos tenemos cosas que hacer. Pero todo que somos en la vida, todo que tenemos en la vida lleva “las huellas” de otra persona. Nuestros padres y madres; nuestros hijos; nuestros amigos; nuestros vecinos; nuestros compañeros de trabajo. ¿Les damos el tiempo o atención apropiada? ¿Les vendría bien un poco de nuestra atención o tal vez necesitarán de un poco más de nuestro tiempo?

– Los ancianos, especialmente los padres y madres ancianos o miembros de la familia. ¿Qué daño hará llamarlos o visitarlos, de darles algo de nuestro tiempo? A veces sólo quieren que alguien los escuche o los hable para demostrar que los valore. ¿Nuestro tiempo será tan importante?

– Nuestros hijos. El mundo en que vivimos puede ser un lugar miedoso a veces. Nuestros hijos no vienen con un guion de instrucciones. Hay entidades dispuestas, o peor todavía, animadas de guiarlos o llevarlos por el camino equivocado. El alcohol. Las drogas. El sexo. Las relaciones. El bullying. La presión de los pares. Un poco más de amor y atención – un poco más de tiempo – puede ser una diferencia total. A lo mejor, se portarán como si no nos necesitaran ni quieran. Pero sí, nos necesitan y nos quieren.

– Personas enfermas o solas o con mucho desafío que conocemos. ¿Qué tal las visitamos o llamamos o si nos sentamos con ellas un rato o les mandamos un mensajito o carta o hasta un correo electrónico? ¿Estaremos tan ocupados, demasiados ocupados? Sólo trata de unos minutos de nuestro tiempo.

– De nivel más amplio, ¿habremos pensado en donar nuestro tiempo a personas más necesitadas  especiales como voluntario? No todo nuestro tiempo, no, pero alguito de él. Los pobres. Los hambrientos. Las personas sin hogar. Los enfermos. Cuaresma puede ser el momento para dar de nuestro tiempo como un camino a la santidad.

Las Sagradas Escrituras nos dicen que hay dos grandes mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo tal cómo amamos a nosotros mismos. Jesucristo nos dice que “Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado” (Juan 15: 12). El amor necesita del tiempo. ¿Estamos dispuestos dejar algo por causa del amor? ¿Estamos dispuestos dar el amor? Cuaresma es el momento, por lo menos, para responder a esas preguntas.

 

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