ENVIDIA: Cultura del resentimiento

La envidia parece ser la nueva ideología política, el velo brillante de algunos cristianos, la última moda entre los famosos, la postura más justa entre los colectivos humanos, la actitud que contagia y mata dulcemente.  Este pecado capital, este vicio, este sentimiento mágicamente dejó de ser negativo y ahora es un recurso para la supervivencia social, una estrategia interna que impulsa la superación, una emoción que ya nadie enseña que está mal.

Hoy, a quién le preocupa caer en el infierno con los ojos cerrados y los parpados cocidos con hilos de hierro, como castigo por andar, no solo deseando lo ajeno, sino queriendo que nadie más lo tenga, según lo imaginó Dante en sus poemas.

Por el contrario, la envidia parece celebrarse cuando una chica se hace cirugías plásticas hasta la muerte, gastando cientos de miles de dólares para parecerse a una estrella de cine. Aplaudimos el mal sufrido por algún país, algún presidente o algún conocido que logró ser exitoso en algo. Los medios de prensa dedican más tiempo a los rompimientos sentimentales de los famosos que a los logros en educación.

Esta cultura del resentimiento incluso enaltece el deterioro de los que tienen negocios, brindan empleos y viven bien, como lo proponen las corrientes políticas y sociales que muestran la cara amable de supuestas luchas justas, pero que en realidad prefieren derrotar a la riqueza en lugar de combatir a la pobreza. La consigna parece ser clara; “prefiero que nadie tenga, incluso yo, antes que uno tenga lo que yo no puedo”.

Santo Tomás de Aquino resumió a la envidia con mucha más claridad diciendo que es la “tristeza del bien de otro”, dejando claro que aunque hoy parece ser un sentimiento socialmente aceptado y promovido por las masas, sigue siendo un asunto personal, una emoción que una vez contagiada y no corregida, se propaga y carcome malignamente en la intimidad.

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Este sentimiento es una fuente abundante para la infelicidad y además es radicalmente inútil (contrario a lo que algunos piensan), pues en lugar de impulsar las motivaciones necesarias para obtener lo que otros han obtenido, termina paralizando con pensamientos de comparación permanente y derrota. Varios estudios aseguran que la envidia contribuye a tener baja autoestima, poca inteligencia emocional y que en nuestros tiempos las redes sociales terminan impactando al generar este sentimiento.

Estar conscientes de los sentimientos de envidia, pero sobre todo de que estos sentimientos son negativos, pues nunca son ni sanos ni buenos, es el primer paso para poderlos derrotar. Intentar poner en perspectiva los logros de las demás personas haciéndonos responsables de nuestras decisiones y acciones nos permite no culpar a nadie y además detectar y aprender sobre nuestras limitaciones como producto de nuestra voluntad.

En la Carta a los Romanos, capítulo 6, la Palabra nos dice: “No dejen que el pecado tenga poder sobre este cuerpo —¡ha muerto!— y no obedezcan a sus deseos. No le entreguen sus miembros, que vendrían a ser como armas perversas al servicio del pecado. Por el contrario, ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, y que sus miembros sean como armas santas al servicio de Dios. El pecado ya no los volverá a dominar, pues no están bajo la Ley, sino bajo la gracia”.

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