FÚTBOL: SALUD PARA CUERPO Y ALMA

El mundo tiene los ojos puestos en la copa de fútbol, un evento donde deportistas alcanzan su máximo nivel para poder competir con los mejores en esta disciplina. ¿Es el deporte un asunto también de fe?

Los cristianos a menudo olvidamos que el cuerpo debe estar en excelente condición física para que el espíritu también lo pueda estar. Es responsabilidad del buen cristiano velar por su salud corporal y ser también, en esta área de la existencia, un buen ejemplo de sanidad.

Cuando pensamos en un cristiano que está en forma, pensamos solamente que es el que reza, va a misa y cumple rigurosamente con las prácticas piadosas y caritativas que ejercitan el espíritu, así que la parte física suele pasarse por alto, sobre todo por el peligro de caer en la vanidad.

En Eclesiástico la palabra nos habla sobre la salud física, en el capítulo 30 del versículo 14 al 16 dice: “Mejor es pobre sano y fuerte que rico enfermo y débil. La salud y el bienestar valen más que el oro y un cuerpo robusto, más que una fortuna. No hay riqueza que valga lo que la salud del cuerpo, y no hay bien como el gozo del corazón.”

Otro aspecto que suele ser un pretexto para que un cristiano ejercite más los músculos de la mandíbula que los de las piernas es que no quiere caer en la tentación de competir con sus hermanos y de esta forma evitar la envidia y la arrogancia.  Pero la vida siempre suele ofrecernos retos para los que hay que estar preparados en cuerpo y alma.

Por ejemplo, en I Corintios capítulo 9, versículos del 24 al 27, El Apóstol San Pablo nos dice: “¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran, pues, de tal modo que lo consigan. En cualquier competición los atletas se someten a una preparación muy rigurosa, y todo para lograr una corona que se marchita, mientras que la nuestra no se marchita. Así que no quiero correr sin preparación, ni boxear dando golpes al aire. Castigo mi cuerpo y lo tengo bajo control, no sea que después de predicar a otros yo me vea eliminado.”

El deporte le ayuda al creyente a crecer en el carácter que se necesita para ser un buen hijo de Dios, y le puede ayudar a cuidar su cuerpo en la forma que Nuestro Padre quiere que lo hagamos. Tanto el cristiano como el atleta saben muy bien lo que significa combatir plenamente dedicados a alcanzar una meta.

Debemos estar atentos en cuidar nuestro cuerpo, tanto como cuidamos de nuestro espíritu. Rezar, comer sanamente, servir al prójimo, hacer deporte, en fin… vernos y sentirnos bien por dentro y por fuera es estar agradecidos con Dios por todo lo que nos ha dado en la vida.

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