HAWKING VS SANTO TOMÁS: ¿No hay Dios? Ciencia, filosofía y arrogancia.

“No hay Dios. Nadie dirige el universo. El universo en sí mismo, en toda su alucinante vastedad y complejidad, simplemente podría haber surgido de la nada a la existencia, sin violar las conocidas leyes de la naturaleza”. Estas declaraciones, que en días recientes fueron replicadas con furor por medios de comunicación en todo el mundo vienen del científico Stephen Hawking, quien a pesar de parecer conocer el origen de la existencia y la verdad oculta sobre Dios, no pudo sanarse de la esclerosis lateral que lamentablemente le quitó la vida en marzo de este año.

Nuestra arrogante cultura occidental, atiborrada de información muchas veces inútil, de académicos e investigadores de cosas no muy relevantes, es caldo de cultivo para quienes se dejan seducir fácilmente por la moda de denigrar el misterio de la fe cristiana, los miles de años de estudio y prueba sobre la acción de Dios y quieren ocultar o destruir los aportes que la cristiandad ha logrado y permitido en nuestra civilización, la más libre de todas.

Para los pensadores virtuosos de la era de Wikipedia su mera opinión suele ser tan suficiente y válida que puede derribar, por ejemplo, 1500 años de estudio profundo sobre un filósofo genial como San Agustín, respetado, citado y emulado incluso por pensadores adversos que también han hecho aportes más relevantes que un posteo en Facebook.

Este continuo descrédito del cristianismo por parte de muchos ateos que creen conocer y sobrepasar nuestra cultura, doctrina y espiritualidad milenaria, solo porque les parece simple o la perciben desde la devoción “supuestamente ignorante” de sus parientes más viejos, no es tan diferente a las acusaciones interesadas e ideologizadas que se hacen entre los miembros de las diferentes denominaciones seguidoras de Jesús. Nadie contempla la posibilidad de su propio error basado en sus claras limitaciones, la meta es aplastar al otro con una pseudo-verdad relativa.

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Por ejemplo, si Hawking hubiera dedicado el tiempo que dedicó a negar la existencia de Dios para aprender sobre filosofía y religión, que son tan válidas en las antropologías como cualquier otra ciencia, quizá se hubiera encontrado con un concepto como Ipsum Esse Subsistens, pudiendo replantear mejor sus declaraciones que ahora quedarán como meras opiniones subjetivas sin mucho fundamento, si es que sobreviven al boom del momento.

Santo Tomás de Aquino, reconocido filósofo y teólogo católico, venerado y estudiado en todo el mundo por casi mil años, comparado con filósofos griegos como Platón y Aristóteles, considerado indispensable en ramas como la economía y el derecho,  es quien plantea que Dios tiene su ser por sí mismo en virtud de la perfección de su esencia, argumentando que en el Ipsum Esse Subsistens se distingue radicalmente a Dios de todas las cosas creadas y también del ser abstracto o universal.

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Esto quiere decir, que a diferencia de lo que dijo Stephen Hawking desde la limitada visión egocéntrica de lo humano, personajes más virtuosos en la historia del conocimiento han descubierto que no es Dios el que necesita a la creación para existir, sino que es la creación la que necesita a Dios. Y que aún sin la creación, sin que nosotros lo viéramos, Él existiría por sí mismo, porque su naturaleza es infinita, permanente e invariable. ¿Simple, verdad?

Este profundo pensamiento de Santo Tomas, tiene sustento en las Santas Escrituras, en el pensamiento filosófico de los griegos y los romanos sobre la existencia, en los estudios científicos hasta su época y en la revelación como regalo adicional para una mente tan brillante como la suya.

Lo cierto es que nadie está obligado a abrazar el cristianismo o cualquier otra fe, pero sí que es cierto que todos deberíamos hacer un compromiso con la humildad y el pensamiento crítico más allá de lo que creemos es la razón, sobre todo si ésta oprime o denigra el integral, válido y libre derecho de los demás a creer y a exponer sus creencias.  El relativismo enseña a cuestionar sin límites y termina sacrificando hasta los propios ideales pretendiendo encontrar una neutralidad tan tibia y descolorida que no se reconoce nada como real, auténtico o sagrado, ni siquiera la propia vida.

La próxima vez que intentes atribuirte radicalmente una razón por encima de la de los demás, recuerda que sólo Uno ha vencido la muerte y el panteón está lleno de sabios.

Éxodo 3, 14:“Dios dijo a Moisés: «Yo soy: YO-SOY.»”

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