Por el obispo David M. O’Connell, C.M., Obispo de la Diócesis de Trenton, New Jersey

Se considera al obispo de la diócesis como el “maestro” oficial de la Iglesia del pueblo católico bajo su cuidado en una región particular. Se derive esa responsabilidad de la misión de Cristo que él comparte a través de su ordenación y consagración episcopal: “enseñar, gobernar, santificar”. El obispo “enseña” de muchas maneras, principalmente a través de predicar la Palabra de Dios y otras instrucciones formales; por sus escrituras y otras comunicaciones pastorales con la Iglesia local; por su ministerio sacramental; y por el testimonio a través de sus otros ministerios además de su vida y presencia entre el pueblo de Dios en la diócesis.En una diócesis del tamaño de Trenton, con aproximadamente 275,000 católicos, alcanzar y enseñar a los fieles es una gran labor. El obispo solo no pudiera cumplir sus responsabilidades en cuanto la enseñanza. Por esa razón, el obispo depende de colaboradores del clero, religiosos y laicos fieles de la Diócesis que se forman en la educación religiosa y formación. Los conocemos como “catequistas”.

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) dice que:

Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que, creyendo ésto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo.

“La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana”.

Sin confundirse con ellos, la catequesis se articula dentro de un cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, que tienen un aspecto catequético, que preparan para la catequesis o que derivan de ella, como son: primer anuncio del Evangelio o predicación misionera para suscitar la fe; búsqueda de razones para creer; experiencia de vida cristiana: celebración de los sacramentos; integración en la comunidad eclesial; testimonio apostólico y misionero.

“La catequesis está unida íntimamente a toda la vida de la Iglesia. No sólo la extensión geográfica y el aumento numérico de la Iglesia, sino también y, más aún, su crecimiento interior, su correspondencia con el designio de Dios dependen esencialmente de ella” (CIC, II, “Transmitir la fe: la catequesis”, 4-7).

Sin embargo, ¡una copia del Catecismo y el acceso a Google no son suficientes para crear un catequista! Los catequistas laicos designados en sus parroquias para ayudar al obispo con su responsabilidad de la enseñanza asumen eso a través de su bautismo, su entrenamiento en la fe y las enseñanzas de la Iglesia, su comisión como catequistas y el testimonio vivido de sus vidas cristianas católicas.

En su primera encíclica Lumen Fidei, el papa Francisco escribió,

Como servicio a la unidad de la fe y a su transmisión íntegra, el Señor ha dado a la Iglesia el don de la sucesión apostólica. Por medio de ella, la continuidad de la memoria de la Iglesia está garantizada y es posible beber con seguridad en la fuente pura de la que mana la fe. Como la Iglesia transmite una fe viva, han de ser personas vivas las que garanticen la conexión con el origen. La fe se basa en la fidelidad de los testigos que han sido elegidos por el Señor para esa misión. Por eso, el Magisterio habla siempre en obediencia a la Palabra originaria sobre la que se basa la fe, y es fiable porque se fía de la Palabra que escucha, custodia y expone… el encargo que el Señor le confió de anunciar “enteramente el plan de Dios”. Gracias al Magisterio de la Iglesia nos puede llegar íntegro este plan y, con él, la alegría de poder cumplirlo plenamente (Papa Francisco, Lumen Fidei, 29de junio, 203, art. 48).

Para ser catequista auténtico y eficaz, uno debe conocer la fe – o sea, la fe de la Iglesia Católica – de manera suficiente para poder compartirla plena e integralmente de parte de las personas que los hayan comisionado catequéticamente. Sin embargo, el conocimiento en sí no basta. Ser catequista autentico y eficaz, uno debe atestiguar al Evangelio a través de cómo vive la fe y estar reconocido dentro de la comunidad de creyentes por ese testimonio.

La catequesis entonces comienza con la proclamación de la Buena Nueva de Jesucristo y abraza esa proclamación fielmente mientras incorpore las enseñanzas de la Iglesia y su vida litúrgica, sacramental y moral. No se trata de “un poquito de esto o eso”. No es una “carta o menú del comedor” en que la persona escoge entre las ‘opciones.’ Es la fe de la Iglesia Católica, completa y entera, alegre y atractivamente presentada, llevando a gente a una convicción y compromiso más profundo hacia la verdad de vivir una vida cristiana católica.

Cada año, en el tercer domingo de septiembre, la Iglesia Católica en los Estados Unidos celebra “El Domingo Catequético”. Este año es el 20 de septiembre. El tema escogido para este año por la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos viene de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, “Lo que yo recibí les he transmitido” (1 Cor 11:23). Es una descripción apropiada del trabajo de catequesis y evangelización. Nos orienta hacia una cosa – lo que he recibido y transmitido – y lo que significa, que del Señor a mí y por mí a ti – de la actividad catequética.

El Domingo Catequético nos ofrece a nosotros, como católicos, una oportunidad maravillosa para reflexionar sobre el papel que cada persona bautizada tiene en transmitir y atestiguar al Evangelio. Los catequistas tienen un ministerio especial entre los fieles bautizados, una “vocación misionera”, como lo describe el papa Francisco.

Estamos especialmente bendecidos en la Diócesis de Trenton por todos que se han comprometido a profundizar su propia fe mientras enriquecen la vida y fe de quienes enseñan en nuestros programas parroquiales de educación religiosa y formación de fe de adultos. En colaboración con los departamentos diocesanos de catequesis y evangelización, nuestros catequistas no enseñan e impartan la fe solamente – ¡ellos inspiran! Como el obispo, yo estoy increíblemente agradecido a los fieles bautizados y comisionados quienes me ayudan a cumplir mis propios oficios y responsabilidades de enseñanza. Humildemente los ofrezco mi oración y bendición.
En fin, para nuestra celebración del Domingo Catequético este año, permítanme compartir palabras de parte del papa Francisco dirigidas alguna vez a catequistas:

No es un título, es una actitud: estar con Él, y dura toda la vida. Se trata de estar en la presencia del Señor, de dejarse llevar por Él (“Discurso del Santo P adre Francisco a los participantes en el congreso internacional sobre la catequesis”, Roma, 27 de septiembre, 2013).

Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás (Papa Francisco, Homilía de la Misa de la Jornada Mundial de Catequistas, Roma, 29 de septiembre, 2013).

“Ser” catequistas. No trabajar como catequistas: eso no vale. Uno trabaja como catequista porque le gusta la enseñanza… Pero si tú no eres catequista, ¡no vale! No serás fecundo, no serás fecunda. Catequista es una vocación: “ser catequista”, ésta es la vocación, no trabajar como catequista. ¡Cuidado!, no he dicho “hacer” de catequista, sino “serlo”, porque incluye la vida. Se guía al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio. (Papa Francisco, Discurso a peregrinos para Año de la Fe y el Congreso Internacional de la Catequesis, 27 de septiembre, 2013).

A quienes que han servido en las oficinas diocesanas y a quienes han sido catequistas en nuestras parroquias de por los años, gracias de verdad. A quienes recién empiezan en este ministerio, “bienvenidos, y que Dios los bendiga”. A la plena Iglesia de la Diócesis de Trenton, que todos, unidos, agradezcamos a Dios por las bendiciones que nos ha dado dentro de y a través de nuestros catequistas y su ministerio. Oremos:

Padre tierno, oremos hoy por nuestros catequistas. Te damos gracias por el don de su ministerio en tu Iglesia. Dales tu sabiduría; para que crezcan en el conocimiento y enseñanza de tu Palabra. Dales también tu amor; para que sean mensajeros de tu Palabra y lleven a los demás a amarte. Envíalos tu Espíritu Santo para darles la sabiduría sobre lo que importa; el conocimiento de las verdades de la fe; el conocimiento de su significado; el buen juicio para aplicarlas en la vida; la fortaleza para perseverar frente a la adversidad; la piedad ante todo lo sagrado; y el entusiasmo amoroso que lleva a los demás a un encuentro transformador con tu Hijo. Oremos esto por Cristo, nuestro Señor,

Amén.