Nací y fui criado en la Arquidiócesis de Philadelphia en la Parroquia Nuestra Señora de Gracia en Penndel. Las Hermanas, Servidoras del Inmaculado Corazón de María servían en nuestra escuela parroquial. Vestidas en sus hábitos azules largos, tocas blancas y velas negras, las Hermanas que nos enseñaban llevaban Rosarios en sus cinturones. Debo mucho a esas Hermanas en mi camino vocacional. Mis “recuerdos católicos” más tempranos incluyen orar el Rosario con ellas en la escuela, un hábito de oración que sigo hasta ahora. Confieso que algo profundo me conforta profundamente al rezar el Rosario cada día. El Rosario sirve la razón que María quería cuando se lo reveló al san Doménico en una apariencia legendaria en el siglo 13: me lleva a su Hijo a través de reflexionar sobre los misterios de su vida.

Las cuerdas anudadas eran partes de la vida espiritual de los Padres del Desierto en el cuarto siglo. Originalmente usadas para contar los 150 salmos, estas cuerdas anudadas gradualmente se convirtieron en incluir otras oraciones cristianas comunes, además de la devoción a la Santa Madre de Dios de por los siglos empezando en los Tiempos Medios. De por la historia de la Iglesia, los papas y santos desarrollaron su enfoque mariano y mencionaban el Rosario en sus escrituras y homilías. Por la repetición, tocar los nudos o talones del Rosario se hizo una manera reverencial para considerar la vida del Señor Jesús a través de los ojos de María. En el siglo 16, el papa Pio V organizó oraciones del Rosario en tres grupos de misterios que todavía usamos; los gozosos, dolorosos y gloriosos. El papa san Juan Pablo II añadió los misterios luminosos al Rosario en el 2002.

Obispo David M. O’Connell, C.M.
Obispo de Trenton

La devoción a la Madre de Dios es un elemento distinto de la tradición espiritual católica. Ella era el vinculo e instrumento humano de que el Hijo de Dios entró al mundo. Gracias a ella, el Rosario ha sido el vinculo e instrumento espiritual de generaciones de sacerdotes, religiosos consagrados y laicos para conocer y reflexionar sobre la vida de su Hijo y los misterios de nuestra fe y salvación. Esta oración hermosa acompaña nuestro propio desarrollo mientras vivimos nuestra vida cristiana católica. Se ha convertido en una oración del recuerdo común y nuestra herencia espiritual tan rica como hijos de la Santa Madre y como hermanas y hermanos de su Hijo Divino en la Iglesia que él nos ha entregado. Ella es, como proclamó el Segundo Concilio Vaticano, “Madre de la Iglesia, Mater Ecclesiae”.

Mis hermanas y hermanos, es difícil imaginar poder avanzar en nuestra vida espiritual sin su presencia tan llena de gracia, su intercesión tan poderosa, su abrazo maternal tan tierno.

En una audiencia general del papa Francisco, una vez él preguntó a todos presentes, “¿Cuántos de ustedes llevan el Rosario?” La mayoría de la muchedumbre levantó la mano. Y entonces preguntó, “¿cuántos de ustedes rezan el Rosario?” Yo invito a ustedes responder a sus dos preguntas.

Al celebrar esta Eucaristía, la última década de los misterios luminosos del Rosario, en esta Memoria de Nuestra Señora del Rosario, participamos en la vida de Mara y en la razón y enfoque de su vida, el Señor Jesucristo. Oremos el Rosario a menudo, mis hermanas y hermanos, cada día. Y, con confianza y fuerza, digamos, “Dios te salve, María … ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.