Por Padre Carlos Florez, vicario parroquial en la Parroquia San Bernabé, Bayville, e intermediario diocesano para ministerios hispanos

Hace un par de días, mientras repasaba unas líneas en mis viejos cuadernos del seminario, me tropecé con una frase que me llamó mucho la atención.

“Dame una persona de oración y será capaz de todo.”

Según lo que escribí en ese pedazo de papel, tal frase la dijo San Vicente De Paul cuando dirigía un retiro para las personas que le ayudaban en la distribución de comida a los pobre de la ciudad de Paris, Francia.  Quizá esta frase nos pueda ayudar a meditar cuán importante es la oración en la vida del creyente.

Padre Carlos Florez sirve como vicario parroquial de la Parroquia San Bernabé, Bayville, e intermediario diocesano para la comunidad hispana en la Diócesis de Trenton.

Mucho se habla de la oración por estos días.  Se nos dice que es importante, que reduce el estrés y que alivia la ansiedad asociada con las fatigas del diario vivir.  Pero no todos oramos.  Quizá por el acelerado ritmo de vida que llevamos o las muchas obligaciones que nos bombardean la vida a cada momento, la oración pasa a un segundo plano o sea, se nos olvida orar.  Sin embargo, San Vicente nos recuerda que si oramos seremos capaces de hacer grandes cosas e incluso “todo.” Pero, ¿qué es orar?  En el Evangelio, San Lucas nos dice que Jesús se retiraba a orar en soledad, o que subía a la montaña a hablar con Dios especialmente antes de tomar decisiones importantes (Lucas 6, 12).

Subir a la “montaña” tiene un valor muy especial en el Evangelio de Lucas puesto que significa levantarnos por encima de nuestra cotidianidad; se sube a la “montaña” para poder respirar aire puro y de alguna manera para reconectarnos con la belleza de la creación o simplemente divisar las cosas mejor.

Causa curiosidad que sólo cuando subimos a la montaña, nuestro modo de respirar cambia y nos volvemos más conscientes de cuán importante es el aire para vivir.  Por eso es que orar fue importante para Cristo y lo es para nosotros también. Orar como respirar son quizá las únicas dos cosas en la vida de las cuales podemos tener mejor control.

Jesús oraba para elevar su espíritu a Dios es decir, Jesús hablaba con Dios porque quería develarle sus planes, sus esperanzas e incluso sus fracasos y problemas como nos lo recuerda el Evangelio de Marcos (6:4-5).  Jesús oraba en soledad para poder escuchar al Padre y recordar su misión.  Más aún, él oraba para relajar su mente y su espíritu y así poder seguir dando lo mejor de él a sus gentes especialmente al necesitado y abandonado por la sociedad de su tiempo.

De igual manera nosotros sus seguidores deberíamos de orar.  Deberíamos de orar para levantar nuestro espíritu a Dios Padre. Deberíamos de orar para tomarnos un ‘respiro’ en medio de nuestro diario trajinar y aún más, deberíamos de orar porque con la oración el alma se fortalece y nos volvemos más conscientes de que Dios es tan necesario para nosotros así como lo es el aire para nuestros pulmones o el sol para nuestros caminar.

Así pues amigos míos, oremos más a menudo para que con tan noble ejercicio podamos recordar nuestra misión como Cristianos e imitar así a quien nos ensenó  a hablar con Dios Padre sin usar palabras.