VENGANZA… ¿Por qué no darle su merecido a: _______?

En la vida hay tantas situaciones que ameritan firmeza en las respuestas que damos que saber cómo reaccionar para defendernos puede volverse abrumador.  El cristiano no tiene nada fácil esta tarea, pues si no está completamente atento y consciente del valor del testimonio, su forma de afrontar los insultos, agravios, golpes o incluso heridas puede convertirse en VENGANZA.

El mundo moderno ha olvidado que el “ojo por ojo” dejó de ser ley y mandato, quién pone la otra mejilla es más débil y tonto que bueno según la nueva moralidad, pero para el creyente es obligatorio y además sensato recibir y esperar, ya que Jesús no titubeó en rediseñar la norma diciendo: habrán oído que fue dicho: “Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los ultrajan y los persiguen” Mateo 5:43-44.

Pero ¿Por qué no podemos ver recibir su merecido a aquel malhechor que nos daña y daña a nuestras familias? ¿Por qué no puede pagar de inmediato y por nuestra propia mano? ¿Por qué el bien no puede cosechar su fruto mientras arranca de raíz la hierba mala del campo en el que habita?

En la creación de Dios todo tiene un complemento que le equilibra y si es necesario, en la justa medida le aplaca. El fuego por ejemplo. Jamás verás a un bombero intentando apagar un incendio con más fuego, lo que utiliza es agua. Y el mandato de Dios es por su amor y su enseñanza que nos alejemos del fuego que quema a nuestros enemigos y que por cercanía también nos quemaría a nosotros.

En Romanos 12 versículo 19, la palabra de Dios es clara: “Hermanos, no se tomen la justicia por su cuenta, dejen que sea Dios quien castigue, como dice la Escritura: Mía es la venganza, yo daré lo que se merece, dice el Señor. Y añade: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: así le sacarás los colores a la cara. No te dejes vencer por el mal, más bien derrota al mal con el bien”.

¿Quién entonces se atrevería a robar la justicia de la mano de Dios sin condenarse así mismo por las faltas de su adversario? Ciertamente ningún cristiano fuerte y seguro de su confianza en su Creador, que es justo, amoroso y protector de quienes le honran.

Hoy miles de personas quisieran hacer algo, devolver la bofetada que les han dado o que les van a dar, derribar al oponente incluso antes de que se acerque y muchos otros hasta piensan en cómo sacarlos de una vez y para siempre de sus vidas.  Pero lo cierto es que la misericordia nos lleva al Padre y la falta de ella no solo no nos acerca a Él, sino que nos lo niega incluso hasta por toda la eternidad.

Que nuestra fe sea constante en los momentos de dolor, que nuestro testimonio sea vivo en las situaciones que nos enojan, QUE NUESTRO DIOS ESTÉ PRESENTE en nuestra vida, no importando si atravesamos el valle de muerte, porque sabemos que vamos de su mano.

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